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La odisea: épica en estado puro

La odisea: épica en estado puro

Por Federico Vitale / @pruebapiloto_

Una gran película. ¿Una obra maestra? No estoy tan seguro.

Christopher Nolan toma una de las mayores epopeyas de la historia de la literatura y la transforma en una experiencia cinematográfica descomunal. Basada en la obra de Homero, La Odisea sigue el viaje de Odiseo de regreso a Ítaca a través de estructura narrativa no lineal, una marca registrada del director que vuelve a aparecer con muchísima fuerza.

Desde lo técnico y visual hay muy poco para discutir. Filmada íntegramente en IMAX con una nueva tecnología diseñada para el formato, la película encuentra en el mar a uno de sus grandes protagonistas. Cada travesía, cada tormenta y cada plano de esa inmensidad tienen una escala impactante. Y verla en IMAX termina de completar la experiencia: el sonido hace vibrar la butaca (literalmente) y convierte las casi tres horas de duración en un verdadero espectáculo.

Las grandes secuencias de acción están filmadas con una precisión extraordinaria, pero lo que más me sorprendió fue cómo Nolan consigue imprimirle un costado más humano a una historia que muchas veces suele sentirse distante. Sin abandonar su sobriedad característica, logra que el viaje del héroe también sea el de un hombre atravesado por el tiempo, la pérdida y el deseo de volver a casa.

Matt Damon está muy sólido como Odiseo y lleva el peso de la película con total naturalidad. Tom Holland cumple muy bien como Telémaco, aportando el impulso emocional de la búsqueda. Anne Hathaway construye una Penélope de enorme sensibilidad y transmite con sutileza la fortaleza, la lealtad y la resiliencia de un personaje marcado por la espera. Y Robert Pattinson, incluso con pocas escenas y escasas palabras, impone una presencia magnética. El resto del elenco -con nombres como Lupita Nyong’o, Zendaya y Charlize Theron- completa un reparto de primer nivel.

Si hay algo que puede jugarle en contra es justamente su ambición. La estructura fragmentada exige atención constante y algunos pasajes pierden fuerza frente a otros. Pero incluso en esos momentos, Nolan encuentra la forma de mantenerte completamente inmerso gracias a una puesta en escena impecable.

Quizás no sea la obra maestra definitiva que muchos ya están proclamando, pero sí una de las grandes experiencias cinematográficas del año y una nueva demostración de por qué Christopher Nolan sigue siendo uno de los directores más ambiciosos e interesantes del cine actual

Publicado en Críticas

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