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Plata o mierda, ganadora del Gran premio en BAFICI

Por Vanina Suárez

 Marcos está preso, Marcos es el protagonista, Marcos es quien filma, Marcos es el director de fotografía. «Plata o mierda» se mueve en un terreno incómodo, frontal, ya desde el propio título incita a una dicotomía sin tibiezas. Todo es directo, es áspero.

Toia Bonino dirige, es quien le propone a Marcos la idea de filmar desde la clandestinidad, ya que todo comienza tiempo antes de la pandemia, donde cualquier detenido privado de su libertad no puede legalizar el uso de ningún teléfono celular. Ellos se la rebuscan y lo ingresan. Toia le hace llegar un libro sobre dirección de cine y Marcos se lo apropia; además de sentirse atraído, se convierte en un enorme Director de Fotografía: las tomas, los planos y los recortes que elige mostrar son de una calidad cinematográfica inmensa.

La película es como si fuese un intercambio epistolar entre Toia y Marcos, pero a través de un teléfono con palabras y con imágenes. Ella le sugiere algunas ideas y él a veces solo quiere hablar, que ella sea su amiga y que le oficie casi de psicóloga (profesión que tiene). La trama apuesta por un cine que incomoda más de lo que puede gustar, intenta retratar el diario de su protagonista con todo el peso que eso conlleva, a través del tiempo y de diversos lugares. Apunta a la crítica social y no  busca idealizar, ni embellecer, ni romantizar la privación de libertad: muestra lo que es.

Marcos en varias ocasiones le plantea a la directora que su vida en el penal no es un reality, ni una novela y que hay que estar allí para entender lo que a él y a ellos les pasa, no alcanza con una idea o con las ganas de plasmarlo en una pantalla. Por eso, quizás la obra tiene peso, porque plantea la escucha más que el relato de una historia y como en toda escucha habrá oyentes diversos que podrán sacar sus propias conclusiones (o no).

A través de varios registros, requisas del servicio penitenciario, duchas diarias, celebraciones de cumpleaños, charlas en el patio con otros detenidos y el intercambio con la propia realizadora; sumado a dudas existenciales, tristezas y pesares de quien se convierte en el único protagonista. «Plata o mierda» es Marcos, sus pesares, sus miedos más profundos; ya no importa por qué está preso, sino lo que siente, lo que vive y lo que tiene para contarnos.

Publicado en Críticas, Festivales

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