Por Federico Vitale
@pruebapiloto_
Obsesión
¿Qué pasa cuando conseguir exactamente lo que deseás deja de sentirse como un sueño y empieza a convertirse en una pesadilla?
Obsesión (2026), debut en la pantalla grande de Curry Barker como guionista y director tras ganar popularidad en YouTube junto a Cooper Tomlinson, explora los límites entre el amor, la dependencia y la fijación enfermiza.
Tras romper el misterioso “sauce del deseo” para conquistar el corazón de la chica que le gusta -su mejor amiga- Bear, un romántico empedernido, termina obteniendo exactamente lo que quería… pero también desata algo mucho más oscuro.
La película busca trasladar esa clásica historia de deseos a un terreno más realista, mezclando horror psicológico, obsesión y comedia negra. La premisa es sencilla y hasta predecible: alguien consigue exactamente aquello que deseaba sin medir las consecuencias terroríficas y catastróficas que eso puede traer.
La propuesta funciona mejor cuando explora esa fijación enfermiza que consume por completo a una persona. ¿En qué momento el amor deja de ser amor y se convierte en obsesión? Esa es, sin dudas, la pregunta más interesante de toda la película.
El problema es que, más allá de una premisa potente, el desarrollo termina sintiéndose repetitivo. La película va directo al conflicto, no pierde tiempo con escenas innecesarias y mantiene un ritmo rápido, pero la experiencia se vuelve monótona y le falta una verdadera vuelta de tuerca que termine de elevar una idea ya bastante explorada dentro del género.
Y aunque mezcla horror con comedia negra, ese costado nunca terminó de funcionar conmigo: varios momentos parecen buscar incomodar y hacer reír al mismo tiempo, pero el humor no termina de despegar.
Aun así, hay aciertos. La atmósfera es claustrofóbica y logra transmitir constantemente la sensación de estar atrapado junto a sus protagonistas. Además, el elenco de estrellas emergentes sostiene gran parte de la película.
El gran punto fuerte es Inde Navarrette. Su actuación tiene una incomodidad constante que funciona perfecto para el tono del film: incluso en silencio consigue generar tensión. Michael Johnston también aporta mucha sensibilidad al personaje de Bear, arrancando desde una inocencia total que se va deformando a medida que la obsesión toma el control. Entre ambos hay buena química.
En los últimos años aparecieron nuevas voces muy interesantes dentro del terror, con películas perturbadoras, incómodas y realmente originales. Esta intenta sumarse a esa camada y, aunque tiene ideas interesantes y momentos efectivos, siento que le faltó arriesgar un poco más para diferenciarse de otras propuestas similares.

























