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Para hacer una película solo hace falta un arma (2026) de Santiago Sein

Para hacer una película solo hace falta un arma (2026) de Santiago Sein


ESTRENO NACIONAL

Por Javier Carrizo / @javiercarrizo_cine

Como no podía ser de otra manera, la mejor película argentina del año llega desde la Provincia de Córdoba, y con la motivación de concebirse desde el descubrimiento y recuperación de decenas de latas con rollos de fílmico de estudiantes de cine de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) de los años ´60 y ´70.

El film de Santiago Sein que insólitamente quedó fuera de las competencias oficiales del festival de cine porteño (BAFICI), presidido por el gorilaje perpetuado en los cargos del mismo, subraya las posibilidades de un cine militante, que evidencia que la cámara, nunca ha dejado de ser un movilizante instrumento de insubordinación y de memoria.

Los/as estudiantes de cine de la Universidad Nacional de Córdoba realizan una película sobre cine militante. Barajan la frase de Jean-Luc Godard, para hacer una película solo hacen falta un arma y una mujer, a lo que uno de los estudiantes agrega: me gusta más la primera parte, o sea, sin el –una mujer-. Muchos años después, Sein está a cargo de la dirección del film aquí citado, y decide que el nombre del mismo, lleve el título propuesto por aquel estudiante de cine cordobés en aquella ocasión.

El documental político realizado por la compañía Punto de Fuga Cine, tiene su origen cuando en el 2019, se hallan las latas de fílmico de las décadas del ´60 y el ´70 que se consideraban destruidas durante la última dictadura militar. Cincuenta años después, esas imágenes vuelven a proyectarse, trasladándonos a un periodo casi desconocido del cine cordobés y a una época de efervescencia política, social y cultural sin precedentes, en la que sus protagonistas documentan huelgas, asambleas y tomas de fábricas. El puente que se traza hasta hoy en día, determina que durante el aniversario por los 48 años del golpe militar, Santiago Sein registre con la misma cámara Bólex que utilizaron esos estudiantes, la marcha por dicha conmemoración.

El sobresaliente ensayo político de más de dos horas y media de duración, está dividido en tres partes. En la primera se conocen los pormenores del acceso del director al archivo fílmico, en la segunda Sein hace una relectura del material, y en la tercera, con una visión del hoy en día, se revisan los sucesos de ayer, y el paradero de aquellos/as estudiantes desaparecidos y/o asesinados durante la dictadura. Aunque la mayor virtud de su director, se encuentre en el hecho de labrar un relato en primera persona por parte de uno de los estudiantes suscitados, exposición en la que convergen arte, política, cine militante, y la posterior desconfianza a sentirse perseguido.

En el revelador documental cordobés hace su aparición entre tantos otros/as, el teórico semiólogo Walter Mignolo, a quien los responsables sobre los aficionados a los estudios decoloniales, recordamos por el abordaje que su teoría recibe por parte de la socióloga e intelectual aymara Silvia Rivera Cusicanqui, de modo que en torno al «giro decolonial», la nombrada acusa a Mignolo de apropiarse teóricamente de las luchas indígenas del Sur para convertirlas en un producto académico de exportación, creando lo que ella denomina «extractivismo epistémico» (la socióloga aymara argumenta que teóricos como Mignolo «reciclan» ideas producidas en el Sur global para presentarlas en el Norte como descubrimientos originales, ignorando décadas de trabajo y pensamiento de intelectuales indígenas y activistas latinoamericanos).

A través de un lenguaje sostenido por un valiosísimo found footage que explora un pasado casi desconocido, todo tiempo transcurrido interpela el cruel presente argentino y las nuevas formas de un imperialismo que es combatido en el cine con la cámara en mano, y con el grito de presente, ahora y siempre, en el reconocimiento de un legado que fue descubierto gracias a la intuición, a la perseverancia y a la conciencia de clase, que no se rinde ante los embates de un rancio poder económico.

Para hacer una película solo hace falta un arma, reivindica la poderosa jerga documental que se distancia del testimonio (por más que lo incluya), para incurrir en esta innovadora forma ya explorada en 1982 de Lucas Gallo, LS83 de Herman Szwarcbart, y Bajo las Banderas el Sol de Juanjo Pereira, entre otras cercanas.

Y como bien puede apreciarse en un segmento del film: aquí no hay lugar para vetustos disfrazados de cine moderno, acá la esencia está en la urgencia del cine militante.

FICHA TÉCNICA:

Título original: Para hacer una película solo hace falta un arma

Año: 2026

Duración: 159 min.

País: Argentina

Género: Documental | Política

Dirección: Santiago Sein

Guion: Santiago Sein

Fotografía: Marcos Rostagno

Compañías: Punto de Fuga Cine, DEEFE

Publicado en Críticas

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