Por Federico Vitale / @pruebapiloto_
Hay pocas figuras capaces de convertirse en personaje, mito y espectáculo al mismo tiempo. Moria Casán es una de ellas.
Y quizás por eso su serie no podía ser simplemente una biopic convencional. Es, ante todo, la construcción de un ícono. Lejos de la nostalgia, esta ficción inspirada en su vida la convierte en narradora y titiritera de su propio relato. Encarnada por tres actrices en distintas etapas, recorre su pasado, su presente y hasta una proyección de sí misma, mezclando realidad, ficción y recuerdos.
No hay intención de imitarla. El desafío no era reproducir sus gestos o sus dixits, sino capturar su esencia. Y eso, en gran parte, se logra.
La más magnética es la Moria de Sofía Gala Castiglione, probablemente también por el vínculo real que las une. Su actuación tiene una sensibilidad que aparece con fuerza en los momentos más íntimos, especialmente cuando dialoga con su propia versión más joven.
Griselda Siciliani, en cambio, toma la posta en la etapa más mediática y explosiva: la show woman, la figura televisiva, la lengua karateca en acción. Hay algo en su corporalidad que sorprende: no parece imitar a la vedette, sino haberse dejado atravesar por ella.
Cecilia Roth queda más relegada, con menos tiempo en pantalla y una etapa más oscura e introspectiva. Su registro es más contenido y maduro, pero justamente por eso su interpretación es la que menos termina de conectar.
También hay un gran trabajo de caracterización y un despliegue visual notable. La dirección de arte, a cargo de Lola Cafardo, el vestuario de Florencia Tellado y la puesta en escena crean un universo propio, con momentos oníricos, poéticos y hasta surrealistas. La dirección de Javier Van de Couter es impecable, y el recurso de las maquetas, que recupera esa idea de la protagonista como artífice de su universo, funciona como una síntesis perfecta de lo que propone la serie.
Otro de sus grandes aciertos está en cómo construye el vínculo con el público. La serie nunca pierde de vista ese amor mutuo, esa conexión que ayuda a explicar por qué la diva argentina sigue vigente. Porque si a ella le gusta hablar de sí misma, a nosotros claramente nos fascina escucharla.
No todo termina de cerrar con la misma fuerza. Por momentos, se siente la falta de un hilo conductor más claro entre episodios. Más allá de la presencia constante de Moria y de unas transiciones preciosas, algunos conflictos aparecen y no llegan a desarrollarse del todo. Pero incluso en esos desajustes, la serie conserva algo que la distingue: una personalidad arrolladora.
Es la historia de una mujer imposible de encasillar, que hizo de la transgresión una forma de supervivencia y, al mismo tiempo, un homenaje a la cultura popular argentina.
Por algo Moria es LA ONE.
























