Por Federico Vitale / @pruebapiloto_
El clásico de L. Frank Baum vuelve a cobrar vida sobre los escenarios porteños en una versión que demuestra que todavía es posible encontrar nuevas formas de contar una historia que atraviesa generaciones. Y ese es, justamente, uno de los mayores méritos de esta adaptación de Marisé Monteiro.
No es ninguna novedad que las comedias musicales ocupan un lugar central en la cartelera comercial. Sin embargo, volver a montar un título tan emblemático como El Mago de Oz implica un desafío mucho mayor: ofrecer algo distinto sin perder la esencia que convirtió a la obra en un clásico. Esta versión lo consigue gracias a un sólido equilibrio entre el despliegue técnico y el corazón de la historia.
La dirección general de Sebastián Irigo articula con precisión todos los lenguajes del musical. La escenografía, diseñada por Gonzalo Córdoba Estévez y realizada por los talleres del Teatro Cervantes, el diseño de iluminación, las proyecciones y los efectos visuales construyen un universo de fantasía de gran potencia visual que nunca eclipsa a los personajes. El escenario giratorio aporta dinamismo a cada cuadro, mientras que algunos recursos acercan a los intérpretes al público y convierten la experiencia en un espectáculo mucho más inmersivo.
Otro de los grandes aciertos de la propuesta está en el aspecto musical. Las composiciones originales de Ángel Mahler y Martín Bianchedi, interpretadas en vivo por una orquesta de seis músicos bajo la dirección musical de Damián Mahler, aportan una riqueza sonora que potencia la emoción de cada escena. A eso se suma el gran trabajo coreográfico de Vanesa García Millán, con un destacado cuadro de tap realizado junto a Agustín Almirón que se convierte en uno de los momentos más celebrados de la función.
En el centro de todo aparece Albana Fuentes, quien compone una Dorothy llena de sensibilidad, carisma y frescura. Su presencia escénica sostiene el recorrido del personaje con absoluta naturalidad y confirma el enorme talento de una nueva generación de artistas del teatro musical argentino. A su lado, Leo Trento, Emiliano Larea y Claudio Martínez Bel construyen un entrañable grupo de compañeros de viaje, con una química que transmite calidez y humor a lo largo de toda la historia.
También merece una mención especial Vanesa Butera, que asume el doble desafío de interpretar a la Bruja Buena del Norte y a la Bruja Mala del Oeste. Con notable versatilidad, logra diferenciar ambos personajes desde la composición, la voz y la energía, construyendo dos presencias completamente opuestas.
Más allá del despliegue visual, lo más valioso de esta versión es que nunca pierde de vista el mensaje que convirtió a El Mago de Oz en un clásico. Dorothy, el Espantapájaros, el Hombre de Lata y el León emprenden un viaje convencidos de que les falta algo para ser felices, cuando en realidad descubren que el valor, el amor, la empatía y la confianza siempre estuvieron dentro de ellos. Un mensaje simple, profundamente humano y tan vigente hoy como hace más de un siglo.
Las funciones se realizan durante las vacaciones de invierno, del 16 de julio al 2 de agosto, de miércoles a domingo a las 14.30. Finalizado ese período, continuará los sábados y domingos en el mismo horario.

























