Morte Cucina (2025) de Pen-Ek Ratanaruang
BAFICI 27 – Trayectorias
Ya había llamado la atención en su momento, cuando para sorpresa de varios, Fatih Akin se despacha con Soul Kitchen (2009), una comedia dramática que planta su historia en un ámbito gastronomico. Sin ánimos de establecer ningún tipo de comparación con el film citado, con Morte Cucina sucede algo similar. Quizás no hubiésemos esperado que una película de Pen-Ek Ratanaruang tuviera en su germen una historia como la que se desarrolla, pero el sello de estilo está intacto. El director de la increíble Ploy (2007), vuelve al BAFICI después de dieciocho años, y la cinefilia porteña lo recuerda con afecto.
Concebida con el aporte de una fotografía extraordinaria, el autor resalta lo salvaje como desprendimiento de un ambiente natural. Ese señalamiento estético tan común en las producciones del cineasta tailandés, es el contexto en el que con cautela se describe un film que transcurre entre la cocina y la sed de venganza.
En Bangkok, Sao es una talentosa cocinera que se desempeña laboralmente como moza de un espacio inigualable, hasta que un día un hombre que no le trae buenos recuerdos, se cruza en su camino. Allí en su lugar de trabajo, intentará demostrar que la venganza es un plato que se come frío.
El autor proveniente del para nosotros exótico país, brinda otra experiencia que exhibe su sello, y lo hace llegar hasta Buenos Aires, lugar desde el cual con intriga, respeto y consideración, recibimos su obra desde hace ya muchos años.

























