Por Federico Vitale / @pruebapiloto_
¿Cómo se lleva Rocky al teatro? Esa es, probablemente, la pregunta que aparece antes de entrar a la sala. La respuesta está en una puesta que entiende que trasladar una película tan icónica al escenario no consiste simplemente en reproducir su historia, sino en encontrar una nueva manera de hacerla funcionar frente al público. Y la versión argentina lo consigue a través de una superproducción inmersiva que convierte al Teatro Lola Membrives en parte del espectáculo.
Basada en la película protagonizada por Sylvester Stallone, esta adaptación toma la historia del boxeador de Filadelfia y la transforma en una experiencia teatral de 360 grados. A diferencia del musical original de Broadway, esta versión fue adaptada completamente al formato de texto, un desafío que Nicolás Vázquez asumió desde el comienzo junto al productor Gustavo Yankelevich para conseguir los derechos de una puesta no musical.
El ring ocupa el centro del escenario y la escenografía diseñada por Tato Fernández recrea distintos lugares emblemáticos de la historia. A esto se suma el uso de cámaras y pantallas, con imágenes pregrabadas -algunas registradas en las mismas locaciones originales de Filadelfia- que amplían el universo de la obra y generan una experiencia mucho más cinematográfica.
Todo lo que sucede arriba y abajo del escenario forma parte de un despliegue impactante, pero la pelea final es uno de los mejores momentos: el espectador queda prácticamente dentro del combate, acompañado por un preciso trabajo de sonido, iluminación y efectos que potencian cada golpe. Incluso el maquillaje realizado en escena forma parte de ese mecanismo de exposición y cercanía.
Pero semejante despliegue necesita un intérprete capaz de sostenerlo. Nicolás Vázquez le pone el cuerpo a Rocky función tras función, en un rol que le exige entrenamiento físico y una importante entrega corporal. Su representación del personaje no se limita al aspecto deportivo: también encuentra espacio para mostrar al hombre detrás del boxeador, su vulnerabilidad, su vínculo con Adrian y esa necesidad de seguir adelante incluso cuando todo parece estar en contra.
La dirección del propio Vázquez junto a Mariano Demaría consigue articular todos estos elementos sin que el despliegue técnico termine opacando el corazón de la historia. Porque, detrás del boxeo, Rocky sigue siendo una historia de amor, resiliencia y superación: la de alguien que no necesariamente busca convertirse en campeón, sino demostrar que puede llegar hasta el final sin rendirse.
Después de tres temporadas y con una enorme respuesta del público, la obra se despide definitivamente en las próximas semanas. Más de 80 personas forman parte del equipo que hace posible esta producción, que encontró una manera propia de llevar al teatro una historia que el cine hizo universal.
Las funciones son los jueves y viernes a las 20:30, y los sábados y domingos a las 19:00, en el Teatro Lola Membrives (Av. Corrientes 1280, CABA). Las entradas pueden adquirirse a través de Plateanet o en la boletería del teatro.

























