Por Federico Vitale
Atrás quedó la imagen de Kristen Stewart en la saga Crepúsculo. Tras consolidar una trayectoria brillante en el cine de autor, Stewart da el salto definitivo detrás de cámara con The Chronology of Water (2025), su ópera prima como directora.
Basada en las memorias publicadas en 2011 por la escritora y ex nadadora Lidia Yuknavitch, la película nos sumerge en la vida de una joven marcada por un entorno de violencia, abuso familiar y alcoholismo durante la década de 1980; una historia cruda que la propia realizadora adaptó junto a su co-guionista Andy Mingo.
En el centro del relato, una feroz Imogen Poots interpreta a Lidia, una mujer que parece destinada al derrumbe hasta que encuentra en la natación y la escritura una vía de escape. Es un testimonio de supervivencia donde el trauma se transforma en materia de creación y en la búsqueda de una voz propia.
Para narrarlo, Stewart elige alejarse de la estructura tradicional y apuesta por una puesta subjetiva y fragmentaria. A través de un montaje frenético, distorsiones y saltos temporales, la película fluye bajo la lógica de la memoria, ofreciendo un torrente de planos que por momentos te dejan sin aire.
El hilo conductor de este viaje es, inevitablemente, el agua. Ya sea en piscinas o en la inmensidad del mar, este elemento actúa como una metáfora de resistencia y transformación, funcionando como el nexo que une los momentos más intensos y dolorosos de la biografía de Lidia.
El resultado es un retrato íntimo sobre la identidad y la reconstrucción personal. Si bien sus dos horas y cuarto pueden abrumar debido a sus excesos visuales y repeticiones, la película logra consolidarse como una experiencia sensorial poderosa que prioriza la emoción por sobre la cronología.
Sin duda, un debut valiente que confirma a Stewart como una cineasta con una visión propia y arrolladora.

























