Por Vanina Suárez
Hay películas que buscan impactar con grandes conflictos o efectos visuales, y hay otras que eligen el camino opuesto. Crónica de una santa errante pertenece a este último grupo: construye una historia a partir de la sencillez de la vida cotidiana y demuestra que lo extraordinario puede surgir en los momentos más comunes. La protagonista, Rita (Mónica Villa), es una mujer que vive en un pequeño pueblo y cuya existencia parece transcurrir con absoluta normalidad. Sin embargo, un acontecimiento aparentemente insignificante desencadena una serie de situaciones en las que la realidad comienza a mezclarse con lo fantástico. Lo interesante es que estos elementos sobrenaturales nunca irrumpen de manera brusca; aparecen con naturalidad, como si formaran parte del mundo de los personajes. Esa decisión convierte a la película en una obra cercana al realismo mágico, donde lo imposible convive con lo cotidiano sin necesidad de explicaciones.
Dirigida por Tomás Gómez Bustillo, estrenada en 2023. Con una propuesta íntima y delicada, la obra se aleja de los grandes conflictos dramáticos para concentrarse en la vida cotidiana de una mujer común.
La mayor virtud del film es su simpleza. No recurre a grandes giros argumentales ni a escenas espectaculares para emocionar. Por el contrario, encuentra belleza en los silencios, en los pequeños gestos y en los vínculos humanos. El ritmo pausado invita al espectador a observar con atención y a descubrir el valor de aquello que muchas veces pasa desapercibido.
La historia demuestra que los acontecimientos más pequeños pueden contener profundas reflexiones sobre la identidad, el paso del tiempo, la soledad y el deseo de encontrar un sentido a la existencia. Los elementos fantásticos funcionan como una metáfora de los deseos, las oportunidades y la posibilidad de imaginar una vida distinta. Más que sorprender, buscan provocar una reflexión en el paso del tiempo, la memoria y las decisiones que marcan el destino de las personas.
Visualmente, la película acompaña esa propuesta con una fotografía cálida y una puesta en escena sobria, que resaltan la tranquilidad del pueblo y refuerzan la sensación de que la magia puede esconderse en cualquier rincón.
Además del enorme trabajo de Villa en un personaje medido, prudente pero a la vez algo envidioso y ofuscado; se suma, Horacio Marassi es un entrañable hombre de pueblo dispuesto a todo por su gran amor.
En definitiva, es una película delicada, sensible y profundamente humana. Su combinación de una narración sencilla con sutiles elementos fantásticos logra una experiencia poética que invita a mirar la realidad con otros ojos y a descubrir que, incluso en la rutina, siempre puede haber lugar para lo maravilloso.

























