Por Federico Vitale
¿Qué es lo peor que hiciste en tu vida?
El drama era una de las películas que más esperaba, al menos en esta primera mitad del año… y no se parece en nada a lo que imaginaba: una comedia romántica tremendamente atípica, con una trama que dará mucho de qué hablar.
A pocos días de su boda, Emma y Charlie parecen tenerlo todo bajo control… hasta que una conversación lo cambia todo. Lo que empieza como una celebración se convierte en tensión, y la relación empieza a resquebrajarse, obligándolos a enfrentar lo que realmente significan el amor, la honestidad y el compromiso cuando ya no hay vuelta atrás.
A partir de ahí, la historia se mete de lleno en los secretos que los personajes ocultan y en qué pasa cuando salen a la luz. Más que el giro en sí, lo interesante es cómo la pareja enfrenta esa revelación y todo lo que eso pone en juego.
Kristoffer Borgli, director y guionista, intenta analizar y racionalizar estos temas sin ofrecer respuestas fáciles. El resultado es un viaje caótico del que es difícil apartar la vista. Aborda temas oscuros con un toque de humor incómodo que no va a conectar con todos, y que probablemente divida al público.
El guión plantea una pregunta hipotética potente y logra desarrollarla, aunque el tercer acto lleva la historia hacia un terreno más convencional -genérico- y menos atrevido de lo que podría haber sido.
Aun así, el resultado es una película de humor negro que construye muy bien la tensión y convierte la incomodidad en algo incluso disfrutable. Compleja, caótica e incómoda, con un estilo frenético que le calza perfecto. El trabajo de montaje y edición es brillante.
La dinámica entre Robert Pattinson y Zendaya funciona de principio a fin: su química es clave para sostener la historia. Más allá de la dupla principal, Alana Haim es otro gran acierto: cada aparición genera una incomodidad tremenda, con una frialdad tan moralista como inquietante. Y Zoe Winters tiene uno de los momentos más divertidos en una caótica sesión de fotos de preboda.
Es una de esas películas a las que conviene llegar sin saber demasiado. Cuanto menos sepas, mejor funciona: el impacto es mayor y lo que deja, también.
























