Por Diego Ortiz
Jasmín es una joven que decide irse de la casa luego de atravesar situaciones de violencia familiar por parte de su hermano y pareja de su hermana.
A partir de allí, emprende un camino de búsqueda de libertad, justicia y resiliencia.
La historia familiar es una de las cuestiones que resalta del documental, con una madre que descree sobre lo sucedido ( en un momento habla de que pueden pensar que es la mala de la película o algo así), una hermana que apela al humor para superar cosas no dichas o que resuenan en el presente, otra hermana fallecida que tuvo una historia de violencia de género en la pareja, de consumo de sustancias y alcohol y por último, los responsables de la violencia sexual ejercida hacia Jasmín, sus abusadores que aunque parezca raro, andan pululando en la historia familiar presente, como fantasmas con nombre y apellido.
Otra de las cuestiones que surge de la película, es la importancia del entorno, de las redes sociales y familiares, amigas presentes y conscientes.
Entre su historia personal, Jazmín se encuentra con una lucha colectiva de mujeres que la abrazan y la contienen. Hay escenas muy bellas reflejo de la amistad y el cariño. Tal vez el regalo de la escena de la plantita es un símbolo de florecer.
Por último, la labor institucional también está presente, ya sea con elogios o con reclamos por el aletargamiento o no recepción de la denuncia. Jasmín primero se acerca a la organización El hormiguero en la Villa Rodrigo Bueno en el Barrio de Retiro. Luego aparece la Asociación Civil Doncel como institución colaboradora, lo Hogares donde estuvo la joven y donde ha conocido amigas con las que comparte un plato o una charla y el poder judicial argentino y peruano.
El documental aparece en estos tiempos como necesario, tiene sentimientos, una historia personal, la celebración de la amistad y mucha actualidad
























